Para diseñar la futura villa de Ovalle, el Estado encomendó la tarea al ingeniero francés Pedro Coustihlas, quien más tarde participaría en el trazado de la Avenida de Las Delicias en Santiago y la alameda en La Serena. Acompañado por el joven Tadeo Perry Campos, descendiente de los fundadores, Coustihlas inició el diseño partiendo de la Alameda y extendiendo las calles de manera recta y a escuadra, optimizando el aprovechamiento de la topografía del terreno, según relata el cronista José Silvestre.
Para la valoración de los terrenos se designó a don José Lucas Cortés, residente de La Torre y suegro del alcalde Francisco Javier Valdivia. Según explicó el profesor Rodrigo Iribarren en su obra ‘Rostro Urbano de Ovalle’, se acordó un precio total de $2.530 por los 40 cuadras irregulares, de las cuales 31 estaban dotadas de riego y se valoraban entre 80 y 140 pesos cada una, mientras que cinco sin posibilidad de riego tenían un precio de $10 cada una. Adicionalmente, los vendedores entregaron cuatro cuadras al Estado para albergar la Sala Municipal, la iglesia, la escuela, la cárcel, la Plaza y la Alameda.
Una vez definidos los límites de la futura urbanización —la calle Socos al norte, Tangue al sur, la Alameda al oriente y El Mirador (actualmente Portales) al oeste— se pusieron a la venta los solares. Generalmente, cada solar, que abarcaba un cuarto de manzana (aproximadamente 20 metros de frente por 60 de fondo), se ofrecía a $28. El Estado asumió la deuda de $2.530, encargándole al Municipio la venta de los solares a los vecinos y el pago inmediato a los herederos propietarios del terreno.
De acuerdo con José Silvestre, hasta el 31 de mayo de 1831 se habían concedido y pagado 45 solares, y documentos de la Intendencia de la provincia, existentes hasta 1860, indican que entre el 7 de septiembre de 1834 y el 10 de noviembre de 1840 se otorgaron y pagaron 58 títulos de solares. Aunque no se tiene certeza absoluta de que los herederos del señor Campos hayan recibido el total del valor acordado, la información sugiere que, en caso de no haberse completado el pago, la deuda pendiente habría sido mínima.
Autor: Roberto Sánchez